"Cruceros de Roncesvalles", fotografía de D. José Ortiz de Echagüe

viernes, 28 de diciembre de 2012

LA ITALIA DE HOY Y DE AYER, UN RICO MOSAICO

Dicen que el italiano habla mucho, que es bastante teatral, que exclama y piensa de modo exuberante y que habla con mucha extroversión.


Y justo por esto se me hace muy interesante y brillante. A mi modo de ver, todo eso es un poco exagerado, porque el italiano del Norte es mucho menos extrovertido y más cauto que los del Centro y el Sur.


Analizando las figuras de los Dogos (ver nota abajo) venecianos se aprecia que fueron hombres inteligentísimos. No me atrevería a decir que algunos fuesen propiamente bonísimos. Sin embargo eran de esas personalidades capaces de llevar en sí el misterio que consigna el encanto de Venecia. Si Venecia no fuese tan misteriosa, perdería parte de su atractivo.
 
En contraste con aquella especie de laguna -un brazo de mar cuya agua en días normales es de color aguamarina, una verdadera belleza- se tiene la impresión de que, desde detrás de las ventanas ojivales, de las cortinas fastuosas, haya un ojo que escruta, que concluye, que toma nota, que susurra y conspira...
Si esta política de gran estilo -tal vez el más alto vuelo que la actividad política haya aportado a la Historia del mundo- vino a atribuirse a los venecianos, la mentalidad banquera sería propia de los piamonteses; nada de cháchara, nada de poesía: al pan, pan... y al vino, vino. Son muy secos, muy observadores, mientras analizan las cosas con objetividad.
Y bueno, no puede decirse lo mismo del napolitano o del calabrés. Allí está el Vesuvio, la pizza, etcétera. ¡En ellos la imaginación actúa como verdadera señora!
Por lo tanto, existen de este modo tantos tipos italianos que los podríamos comparar, puestos todos juntos, a un precioso mosaico.
En lo que atañe al pasado, toca decir todavía una palabra sobre Italia.
Si observamos la colección de acuarelas titulada "Roma Sparita" (ver nota abajo) -o sea, Roma desaparecida, por así decirlo, dado que es la Roma anterior a la unificación italiana del siglo XIX- nos encontramos con que la ciudad estaba viviendo sobre las ruinas de la antigua Roma, celebrándola. Pero entendamos que, presentando tales deshechos incorporados a cosas nuevas, hacía una obra que, en su género (en su tipo), era tan grande como la de los antiguos romanos. No era un imperio, sino una corriente intelectual que fue origen de la difusión del espíritu italiano en el mundo. De hecho, la propagación a partir del Renacimiento y del Humanismo tuvo una mayor importancia que la expansión del Imperio Romano.
En este sentido, Italia es al Renacimiento y al Humanismo lo que Francia es a la Revolución Francesa, lo que Alemania a las corrientes filosóficas de los siglos XIX y XX... Y lo que son España y Portugal a la Contra-Reforma.
N.B.: En este texto, el autor se refiere a la expansión del Renacimiento y del Humanismo, a la Revolución Francesa y a las escuelas filosóficas teutónicas, sin entrar a valorar estos movimientos, que son criticados vigorosamente en varias de sus obras. Por otro lado, siempre se mostró entusiasta de la Contra-Reforma. Aquí, sin embargo, todos estos movimientos son vistos indistintamente desde el punto de vista de la expansión universal que tuvieron y no desde su contenido.
Plinio Corrêa de Oliveira - 6 de Mayo de 1990


¿Qué es un Dogo?
Dogo era el título del Jefe electo tanto de la República de Venecia como de la República de Génova, regímenes vigentes en el Norte de Italia desde el Medioevo hasta finales del siglo XVIII.

En sus inicios, el Dogo venía a ser elegido vitaliciamente por el pueblo, en nombre del cual ejercía un poder patriarcal y casi absoluto hasta el siglo XII. A partir de ese tiempo, la autoridad del Dogo en Venecia se vio reducida por la aristocracia, la cual concedió la elección a 40 electores nobles pertenecientes al Gran Consejo (1172).

La función del Dogo desapareció en el año 1797, después de la caída de la República Veneciana. En Génova, el título del Dogo fue empleado, desde 1339, para el primer magistrado de la ciudad. Fue abolido cuando Génova fue elevada a República Ligur (1797).

El retrato es del Dogo Andrea Gritti, pintado por Tiziano (siglo XVI) y se encuentra en el National Gallery de Washington.
  
Roma Sparita
Es una colección de 120 acuarelas inspiradas en la Roma de finales del siglo XIX (realizadas entre el año 1878 y 1896, para ser precisos). Estos cuadros fueron obra de Ettore Roesler Franz y constituyen un testimonio pictórico de las costumbres y las gentes que poblaban en aquel entonces el casco histórico de la Ciudad Eterna.


 http://circolopliniocorreadeoliveira.blogspot.it/2012/12/litalia-di-oggi-e-di-ieri-un-ricco.html

miércoles, 26 de diciembre de 2012

LA VERDADERA HISTORIA DEL PESEBRE

 

[…]

Un día un noble por nombre Giovanni, encontrando a Francesco [San Francisco de Asís], le requiere qué es lo que debería hacer para seguir el camino del Señor. Francesco le dijo que prepararse y preparar la Navidad. Entonces aquel hizo construir un establo, hizo llevar heno y traer un buey y un asno. Luego llegó diciembre...


La noche de Navidad del 1223 muchos pastores y campesinos, artesanos y gente pobre se encaminó hacia la gruta que Giovanni da Greccio había preparado por Francesco. Algunos habían traído regalos para hacerle homenaje al Niño y repartirlos con los más pobres. Francesco dijo querer celebrar un rito nuevo, más intenso y participativo; para ello había pedido el permiso al Papa. Envió a un sacerdote, que sobre un altar improvisado celebró la Misa. 

Francesco, rodeado por sus hermanos, cantó el Evangelio.

Francesco estaba ante el pesebre pleno de piedad, rociado de lágrimas, rebosante de gozo. Después del canto del Evangelio, dice Francesco: "Hermanos, esta es la fiesta de las fiestas. Hoy Dios se hace un pequeño niño y se amamanta del pecho de una mujer”. La comoción es tal que Francesco mismo se siente él mismo un niño y comienza a balbucir, tal y como hacen los niños. Entonces fue visto "dentro del pesebre un bellísimo niño adormecido que, al apretarlo con ambos brazos el beato Francesco, parecía despertar del sueño".

Entre los testigos del milagro muchos eran personajes dignos de crédito y esto contribuyó a divulgar la noticia en todo el Lacio, la Umbría y la Toscana hasta Génova y Nápoles: doquiera había un convento y doquiera se festejara la Navidad.

De aquel milagro muchos atrajeron beneficios espirituales y corporales: algunos se convirtieron y vinieron a ser más buenos, otros llevaron consigo el heno del pesebre de Greccio y lo usaron como medicina contra los males de hombres como de bestias. Una mujer, atribulada por un parto difícil, encontró fuerza y paz... Nació felizmente un niño y se hizo fiesta por toda la casa. Todo el país sabía de estos prodigios y tenía memoria de aquella noche santa, cuando un Niño se le apareció a Francesco, que había querido reconstruir el ambiente de la primera Navidad en un bosque de los Apeninos. 

La vida se reanudó con serenidad en los conventos donde habitaban los amigos de Francesco, en los caseríos de los campesinos y en las ciudades por las cuales Francesco andaba predicando la paz entre las facciones adversas y las familias enemistadas. Un día de diciembre un hermano muy temeroso de Dios inquirió a Francesco: "si también en Navidad se mantenía la obligación de no comer carne, dado que aquel año caía en viernes". Francesco, con firme dulcedumbre, le apostrofó: “Tu pecas, hermano, al llamar "viernes" el día en que es nacido el Niño". Esta es fiesta grande, decía, y recomendaba que también a los amigos animales aquel día les fuese dada comida en abundancia y que el buey y el asno tuvieran doble ración de cebada.

Su enseñanza fue recogida luego por los villanos y campesinos: a menudo las niñas que se encontraban por donde Francesco pasaba arrojaban al viento y por las calles cereales y trigo, para que las alondras y los petirrojos, los reyezuelos y las tórtolas silvestres no tuvieran que sufrir por falta de comida. Esta es la verdadera historia del pesebre… 

[…]

martes, 25 de diciembre de 2012

UNA EDAD SIN LEALTADES


"Un caballero en la encrucijada", del pintor ruso Viktor Vasnetsov (1848-1926)

"Extendiéndome aún en los ejemplos, me gustaría señalar el valor sagrado de un juramento en la época medieval, sobre todo tratándose de promesas solemnes hechas por autoridades eclesiásticas y civiles. Tales compromisos eran registrados en bellas y graves fórmulas, como las que se leen en documentos en los cuales los emperadores del Sacro Imperio manifestaban su fidelidad a los Soberanos Pontífices -condición indispensable para ser coronados.

[...]

Sucede, no obstante, que ese fundamental y hermoso sentimiento del honor tiene su opuesto, que resulta ser la idolatría de la astucia. Y es curioso notar que, exactamente donde ésta última comienza a nacer, surge en contraposición el desprecio por la honra. Esta distorsionada veneración por la sagacidad llegó hasta el punto de que, en nuestro tiempo, se inventase el adjetivo "zorro", para calificar al hombre lleno de éxito en la vida y que hizo mucho dinero. El "zorro" es el sagaz, el astuto, en relación al cual se creó un mito de adoración, semejante al que ciertas mentalidades dedican al gángster: "Es un criminal, pero ¡qué gran hombre!".

Ahora bien, esta idolatría de la astucia canalla y llena de éxito, y este desprecio por la honestidad que no se enriquece, es algo muy típico de las épocas de decadencia. Y, de hecho, tales estados de espíritu aparecieron en Occidente cuando la Edad Media, por la infidelidad de los hombres, comenzó a decaer."


"La decadencia de la Edad Media y la disminución del sentimiento de honra", Doctor Plinio Corrêa de Oliveira.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

EL DOCTOR PLINIO CONTEMPLA LA MIRADA DEL NIÑO JESÚS




Sería muy hermoso si tuviéramos elementos para escribir una Historia, no de la Humanidad, sino de un capítulo especial de la Historia de la Humanidad: ¡la Historia de las miradas!

De las miradas magníficas,
de las miradas radiantes

de las miradas suaves,

de las miradas dulces,

de las miradas tristes,

de las miradas de esperanza,

de las miradas de perplejidad,

de las miradas de indignación,

de las miradas de ordenación y planificación,

de las miradas de imprecación y de castigo.


En la Noche de Navidad ocurre ese momento bendito en el que se abren a la vida y al mundo aquellos ojos divinos que enmudecen toda lengua.
Imaginémosnos aquella gruta como si fuese enorme, alta, grande, casi como una catedral, que evidentemente no tendría una arquitectura definida, pero donde las siluetas de las piedras permitirían presentir vagamente las ojivas de una catedral como vendrían a ser en el futuro las del Medioevo.

Podemos imaginar la gruta donde está la cuna del Niño Jesús. Él estaba allí, con la majestad de un verdadero Rey, aunque yaciera en su pesebre siendo todavía un recién nacido. Él, Rey de toda Majestad y toda Gloria. Imaginémosnos mientras nos acercamos a Él, y he aquí que abre los ojos y en su mirada aparece su fisionomía real.

En la mirada se manifiesta un fulgor tan y tan profundo, que percibiremos en Él una gran sabiduría; rodeado de una atmósfera tal, que envolvería de santidad a cualquiera que se le acercase.

(…) Imaginémosnos también allí a la Virgen Santísima a los pies del Niño Jesús, Ella también como verdadera Reina, majestuosísima, trascendente, purísima, que reza. 
(…) Todas las perfecciones del universo están reunidas en la mirada de Nuestro Señor Jesucristo, de tal modo que Él tiene estados de ánimo que corresponden a todas las bellezas de la Creación. En el centro de todos los colores, de todas las hermosuras, está la Faz adorable de Nuestro Señor Jesucristo; en el centro de la Faz de Nuestro Señor Jesucristo está su mirada refinada y el compendio de todos los rostros. Jesús habla con aquel que se sumerge en su mirada, límpida, afable, serena, casi aterciopelada, pero en la que, en el fondo, hay una rectitud, una firmeza y una fuerza que colman al mismo tiempo de admiración y confianza. (…)

He aquí, pues, que este Rey, tan lleno de majestad, en un cierto momento abre sus ojos para nosotros. Observamos su mirada purísima, inteligentísima, lucidísima. Él penetra en lo más profundo de nuestros ojos. Ve el aspecto más profundo de nuestros defectos, pero también lo mejor de nuestra condición. Y en aquel momento nos toca el alma como tocó, treinta y tres años despúes, a San Pedro.

Cuando menos lo espera el pecador, merced a una amable súplica de la Santísima Virgen, el Niño Jesús sonrie. Y con esta sonrisa, pese a toda su Majestad, sentimos que la distancia desaparece, el perdón invade nuestra alma y cierto algo tira de nosotros. Atraídos así nos encaminamos para estar cerca de Él. Afectuosamente nos abraza y pronuncia nuestro nombre, diciendo: "¡Te quise tanto y te quiero tanto! ¡Deseo muchas cosas para ti y te perdono tantas otras! ¡No pienses más en tus pecados! Piensa solo, de ahora en adelante, en servirme. Y en cada ocasión de tu vida, cuando tengas cualquier duda, acuérdate de esta condescendencia, de esta amabilidad, de este beneplácito que ahora tengo hacia ti, y ven a Mí por medio de Mi Madre, por medio de los intercesores que he establecido entre tú y Yo, ven, que te atenderé. Seré tu refugio, tu fuerza, y estas gracias te conducirán al Cielo, para reinar allí a mi lado por toda la eternidad".
Ante tanto amor osaríamos murmurar: "Señor, no soy digno de que me mires, pero volved una mirada, permitid que vuestra mirada se sumerja en la mía, y mi alma será salva".

"Yo vengo de muy alto y todo lo puedo. En Mí reside el reflejo de la bondad increada y absoluta".

A este punto la Mediatriz intervendría diciendo: "Lo que quiero dar por ser buena; aquello que deseo conceder por ser Madre; lo que puedo otorgar por ser Reina, todo esto, hijo mío, te lo doy. No profiero una palabra, sino que hago algo mejor que hablar a tu oído: te comunico una gracia que susurra en el fondo de tu alma. ¿Sientes esta paz que rebosa de mi Corazón, la sientes entrar en ti? ¿Te colma? ¿Esta paz que ninguna alegría terrena puede darte, la sientes? Y que te hace percibir una tranquilidad interna, en la cual resuena mi voz, aunque inaudible a tu oído... Todo está solucionado y lo que no lo está todavía, lo estará. Confía en Mi, lo arreglaré todo. Las apariencias podrían no ser tales, pero acepta esta sonrisa, percibe este susurro, contempla esta bondad y no dudes más".


http://www.pliniocorreadeoliveira.it/pensieri_e_massime_009.htm

jueves, 13 de diciembre de 2012

DE HINOJOS ANTE EL PESEBRE

Conmemoramos una vez más, Señor, la fiesta de vuestro Santo Nacimiento.

Una vez más, la Cristiandad se apresta a veneraros en el pesebre de Belén, bajo el fulgor de la estrell o bajo la luz, todavía más luminosa y resplandeciente de los ojos dulces y maternales de María.
A vuestro lado está San José, tan absorto en contemplaros que parece no darse cuenta ni de los animales que os rodean, de los coros angélicos que perforan las nubes y cantan, bien visibles, en lo más alto del cielo. De aquí a poco se oirán los pasos de los caballos de los Magos que llegan, que traen en sus largas caravanas los regalos de incienso, oro y mirra, escoltados por gran servidumbre. En el curso de los siglos, muchos otros van a venir a venerar vuestro Pesebre: de la India, de Nubia, de Macedonia, de Cartago, España, galos, francos, íberos, germanos, y sus descendientes, entre los cuales están los peregrinos y cruzados que vendrán desde occidente a besar la tierra de la gruta en la cual naciste.

Y entre todos estos, nosotros, aquí, nos arrodillamos y os contemplamos. Míradnos, Señor, y observadnos con misericordia. Estamos aquí y queremos hablar con Vos.
¿Quiénes somos nosotros?

¡Los que no doblan las rodillas, ni una siquiera, delante de Baal! Los que tenemos la Ley de Dios escrita en el bronce de nuestras almas y no permitimos que las doctrinas de este siglo graben sus errores sobre este bronce, que la Redención volvió sagrado. Los que amamos como el más precioso de los tesoros la pureza inmaculada de la ortodoxia, y rechazamos cualquier pacto con la herejía, sus obras e infiltraciones... Los que no transigimos con la impiedad insolente y orgullosa de sí misma ni con el vicio que se manifiesta con ufanía y escarnece la virtud. Los que tienen piedad de todos los hombres, pero particularmente por los bienaventurados que sufren persecuciones por amor de vuestra verdadera Iglesia, que son oprimidos sobre toda la tierra por su hambre y sed de virtud, que son abandonados, escarnecidos, traicionados y calumniados por el hecho de mantenerse fieles a vuestra Ley. Los que sufren sin que la literatura contemporánea se acuerde de exaltar la belleza de su sufrimiento: la madre cristiana que hoy ruega ante su pesebre, en el hogar doméstico abandonado por los hijos que profanan con orgías el día de Vuestro Nacimiento; el esposo austero y fuerte que, por fidelidad a vuestro Espíritu, se hace incomprensible y antipático a los suyos; la esposa que soporta la amargura de la soledad de alma y de cuerpo, porque la frivolidad de los vestidos ha arrastrado al adulterio a aquel que debería haberle sido columna de la familia, mitad de su alma; el piadoso hijo que, durante la Navidad, mientras las familias cristianas están celebrando la fiesta, siente más que nunca el hielo con el cual el egoísmo, la sed de placeres y la mundanidad paralizan y matan en su propio hogar la vida familiar; el estudiante abandonado y vilipendiado por sus compañeros debido a que se os mantiene fiel; el profesor odiado por sus estudiantes, porque no llega a un acuerdo con sus errores; el sacerdote que siente a su alrededor el oscuro muro de la incomprensión y de la indiferencia, porque se niega a permitir la corrupción del depósito de la Fe que le ha sido confiado; el católico fiel, extraviado por la crisis que ha penetrado incluso en el Templo de Dios, que es tratado como un extraño en la misma Casa de su Madre, la Iglesia; el hombre honesto reducido a la indigencia por no haber robado.

Estos somos, Señor, aquellos que en la hora presente, dispersos, aislados, ignorándose los unos a los otros, ahora, sin embargo, se acercan a ofrendaros sus dones y presentaros sus oraciones. 

Ruego, en primer lugar, por aquello que más amo en el mundo, que es vuestra Iglesia, santa e inmaculada. Que vuestra Iglesia triunfe, al final de este siglo de pecado, y plasme para vuestra mayor gloria una nueva civilización. Por los santos, para que sean más santos. Por los buenos, para que se santifiquen. Por los pecadores, para que vengan a ser buenos. Por los malos, para que se conviertan. Que los impenitentes, refractarios a la gracia y nocivos a las almas, sean dispersados, humillados y destruidos por vuestro castigo.

Ruego, después, por los otros, para que los hagáis más exigentes en la ortodoxia, más severos en la pureza, más fieles en la adversidad, más activos en la humillación, más terribles para los malignos, más compasivos para los que, avergonzándose de sus pecados, alaban en público la virtud y se esfuerzan en serio por tratar de conquistarla.

Ruego, por último, para que vuestra gracia, sin la cual ninguna voluntad persevera duraderamente en el bien, sea por ello tanto más abundante cuanto más numerosas sean las miserias e infidelidades.

Plinio Corrêa de Oliveira

http://www.pliniocorreadeoliveira.it/chi_siamo.htm

miércoles, 12 de diciembre de 2012

VIDA, MARTIRIO Y DEVOCIÓN DE SANTA LUCÍA

Santa Lucía, Patrona de Siracusa, Fotografía de Giuseppe Marchisello

Lucía, virgen y mártir, nace en Siracusa, cuando finalizaba el siglo III, en cuna de rica y noble familia. Todavía niña, pierde al padre, quedando bajo la custodia de su madre Eutiquia. Eutiquia sufrió durante muchos años un flujo de sangre, tan obstinado, que hizo ingentes gastos para consultar a médicos, sin lograr de ello ningún beneficio. La amorosa hija siempre estuvo a su lado, prestándole los favores más delicados y los cuidados más cariñosos. 

Un día, inspirada por el cielo, le dice: "Madre, si nada nos queda que esperar de los socorros humanos, ¿por qué no vamos a Catania, para implorar la gracia ante el sepulcro de la Beata Águeda? También los ciudadanos de Siracusa se acercan al venerado lugar donde estaba sepultada la mártir catanesa para rogar, muchos afligidos han encontrado la paz, y muchos enfermos la salud. ¡Así que, oh madre, valor y fe!"


En febrero del año 304 madre e hija se acercan a Catania, pasando por aquellos lugares sobre los cuales un día será edificada la ciudad de Carlentini, y aquí -según una piadosa tradición- hicieron estación para descansar. El 5 de febrero, santo día de Santa Águeda, llegan a Catania. Llegadas a la tumba de Santa Águeda, escucharon la lectura del Evangelio de la hemorroísa, la mujer que al tocar el borde del manto de Jesús quedó sana. Lucía le dijo a su madre: "Madre, si vos cree en lo que se está leyendo, también yo creo que Águeda, que ha sufrido por Cristo, puede pedir a Jesús para vos la curación: si quiere, pues, toca con fe su sepulcro y serás sana." Lucía y Eutiquia, acercándose al sepulcro, se hincaron de hinojos, rogando a la mártir entre lágrimas. Mientras estaban rezando, Lucia fue presa de una visión y ve, en medio de las filas de los ángeles, a Santa Águeda que, dándose la vuelta, le decía: "Lucía, hermana mía, virgen de Dios, ¿por qué me pides aquello que tú misma puedes conceder? Tu fe ha favorecido a tu madre, y he aquí que ha venido a ser curada. Tú te consagrarás a Dios en la virginidad y por eso, como la ciudad de Catania es por mí colmada de gracias del cielo, así por ti lo será la ciudad de Siracusa".


Retornada a Siracusa, Lucía agradeciendo al Señor la curación de su madre, decide dar toda su dote a los pobres y consagrarse, tal y como era en su corazón a Dios.

Y habiendo comenzado a vender su hacienda para distribuirla entre los pobres, llegó la noticia a un hombre joven que quería la mano de Lucía: el cual, viéndose desilusionado en sus esperanzas, por vil venganza la denunció como cristiana ante el prefecto de Siracusa, Pascasio.


Era el año 304: los feroces emperadores Diocleciano y Maximiano habían emitido un edicto de exterminio contra los cristianos y, en todo el imperio, los seguidores de Cristo morían, en los más feroces tormentos.



Lucía, ya madura para el cielo, vio avecinarse también para ella la hora del combate deseado. Apresada por los soldados y llevada ante el tribunal de Pascasio, se mostró con el rostro sereno y feliz. El prefecto, a sabiendas de que pertenecía a una familia noble y viendo que era jovencísima y de una extraordinaria belleza, la trató en primer lugar con buenas maneras, aconsejándola que abandonara la superstición cristiana y ofreciera incienso a los ídolos paganos. La amonestó por haber despilfarrado la dote que podría servir al esposo. 

Lucía dijo: "Yo soy cristiana y no adoro falsas divinidades, sino al verdadero Dios, que está en los cielos, creador del mundo, a Jesucristo, que nos ha redimino. En cuanto a mi dote, yo sola puedo disponer de ella y por eso, con todo el corazón, la he distribuido entre las viudas, los huérfanos, los pobres y los ministros de Dios".

Pascasio le gritó: "No tienes experiencia, pero yo ejecutaré las órdenes del emperador".
 
Lucía le respondió: "Si tú tratas de complacer al emperdor, yo quiero complacer a mi Jesús. Si tú te guardas de ofender a tu rey, también yo temo no ser complaciente para mi Dios".

Pascasio responde: "Tú has disipado tu hacienda con hombres disolutos".

Pero Lucía, llena del Espíritu Santo, dice: "Yo he puesto a buen seguro mi patrimonio y mi cuerpo no conoce la impureza. En cambio, vosotros sois esclavos de la corrupción del cuerpo y alejais las almas de los hombres del Dios vivo, para hacerles servir al diablo y a sus ángeles. Preferís las riquezas pasajeras en vez de los bienes eternos".

Pascasio, ciego de rabia, le dice: "Estas bellas palabras cesarán, cuando lleguemos a los tormentos".

"Las palabras de Dios no cesarán jamás" -responde Lucía.

"¿Así que tú eres Dios?" -reprendiéronle.

Y Lucía: "Yo soy la sierva de Dios eterno, el cual ha dicho: "Cuando seais conducidos ante el rey y los príncipes no penséis lo que tenéis que decir, pues no seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu Santo hablará en vosotros".

Pascasio dice: "¿Entonces, es que está dentro de ti el Espíritu Santo?"

Lucía le responde: "El apóstol dice: "Los que viven castamente y plenamente son templo de Dios y el Espíritu Santo mora en ellos".

Y Pascasio en tono amenazante: "Te haré conducir a un lugar infame, donde serás forzada a vivir en el deshonor; y así el Espíritu Santo huirá de ti". La virgen, en su imperturbable calma, contesta todavía: "No se desfigura el cuerpo, si no por el consentimiento de la voluntad. Si ordenas que yo sufra violencia contra mi voluntad, mi castidad tendrá el mérito de una doble corona". 


Pascasio confundido y airado, ordenó que arrastraran a la santa virgen a un lugar infame y, para mayor vergüenza, fue reunido todo el pueblo. ¡Pero sucede un gran prodigio! El Espíritu Santo concede a Lucía tal inmovilidad que se hace del todo imposible moverla. Probaron los más robustos soldados: pero Lucía queda firme, mientras que los fuertes caían agotados. La ataron de pies y manos y tirando de las cuerdas, comenzaron a tirar todos juntos, pero ella quedó inquebrantable como un monte.

Pascasio, furibundo, da órdenes para que traigan yuntas de bueyes. ¡Vanos los esfuerzos! Aquellas bestias tampoco logran mover a la virgen de Cristo, a la que el Espíritu Santo mantenía inmóvil.


Pascasio, siempre más ciego de rabia, le grita: "¿Cuáles son tus artes mágicas?".

La santa le respondió: "Estas no son artes mágicas, sino que es el poder de Dios, el cual ha dicho: "Mil caerán a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero nadie se acercará a ti. Mísero Pascasio, ¿por qué te entristeces? ¿Por qué empalideces? ¿Por qué bramas de furor? Has tenido ya la prueba de que soy templo de Dios: cree ahora". 

Pero él se puso todavía más furioso y ordena que enciendan un gran fuego alrededor de ella, que arrojasen pez, aceite de resina, de modo que la virgen fuese consumida lo más rápido posible. ¡Vano intento otra vez! Las llamas queman pero no tocan a la santa mártir, la cual, sonriendo ante la alegría de los ángeles, canta himnos al Señor.

Los amigos de Pascasio se la llevaron de allí, para terminarla a punta de puñal. Mientras que el verdugo se prepara para dar el golpe fatal, Lucía, doblada de rodillas, reza y dice a los presentes: "En breve se dará la paz a la Iglesia de Dios. Diocleciano y Maximiano caerán del imperio y terminarán miserablemente. Así como la ciudad de Catania tiene en veneración a Santa Águeda, así también vosotros me honraréis, por la gracia de Jesucristo Nuestro Señor, observando de corazón los mandamientos de Dios." Con estas palabras, cayó apuñalada y el alma generosa ascendió a Jesús su Divino Esposo.





Era el 13 de diciembre del año 304, día que fue grabado, con caracteres de oro, en la historia de Siracusa y de la Iglesia Católica.



La Devoción

Por edicto imperial del año 290, se concedió a los cristianos asistir a la muerte de los hermanos de fe y sepeliarlos. Por tanto Eutiquia y otras devotas matronas siracusanas enterraron el cuerpo glorioso de la santa mártir en una tumba, a la entrada de las catacumbas de Acradina.

Sobre el sarcófago esculpieron la paloma salida del arca de Noé para anunciar al mundo la paz.

Y la paz, de hecho, se mostró según la profecía de Santa Lucía, pues poco después fue dada la paz a la Iglesia por Constantino el Grande; mientras Pascasio, Diocleciano y Maximiniano perecieron en la miseria.

En el lugar, donde la santa entregó el espíritu a Dios, los siracusanos construyeron, en el año 310, un hermoso templo. Bajo el pontificado de San Gregorio Magno se propagó el culto de Santa Lucía y se insertó su nombre en el Canon de la Misa, hubo un monasterio benedictino propincuo. El culto de la Santa se difundó rápidamente, después de su muerte, por toda la Cristiandad. 

En el año 384, el siracusano San Urso, obispo de Rávena, le dedicó un templo en aquella ciudad.

En el siglo VII, San Adelmo en Inglaterra y San Juan Damasceno en Oriente la celebraron en sus escritos.

Dante Alighieri y Cristóbal Colón fueron devotísimos de ella: el primero atribuyó a la intercesión de Santa Lucía la curación de una grave enfermedad de ojos y la hizo una de los principales personajes de su "Divina Comedia". El otro puso su nombre a una de las islas de las Antillas, descubierta el 13 de diciembre.

Caída Siracusa, en el año 878, en manos de los sarracenos, el cuerpo de Santa Lucía fue celosamente escondido en las catacumbas por los siracusanos. El general griego Jorge Maniace, adueñándose de la ciudad en el año 1040, lo pide y lo traslada a Constantinopla, obsequiándolo como reliquia a la Emperatriz Teodora.

Los Cruzados venecianos, después de la conquista del año 1204, lo llevaron a Venecia, donde hoy se venera en la iglesia parroquial de San Jeremías, en un altar lateral dentro de una urna de mármol.

En el año 1904, el Cardenal Patriarca de Venecia realizó un reconocimiento conforme a derecho y constató la maravillosa conservación del cuerpo santo.

El cuerpo de la Santa está momificado y conserva la piel, suave al tacto. Los pies parecen intactos, y puede verse un clavo en el pie derecho. Falta buena parte de su brazo izquierdo, que en varias ocasiones fue concedido, como reliquia, a Papas y Reyes. El cuerpo tiene un color amarillo pergamino y lánguido, la cabeza es de color negro, más bien pequeña, muy regular, como también lo es la parte superior del hueso nasal que todavía permanece en buen estado. Cuatro mechones de cabello negro enmarcan la frente, sobresaliendo bajo la corona de seda blanca.

Maravillosos son los ojos. Las cuencas de los ojos están cubiertas con una membrana negra, suave, constituida por el mismo ojo y los párpados momificados.

Se ve claro (algo rarísimo en los cuerpos de los mártires) la traza de su martirio: un profundo agujero cerca del pecho, sobre el lado derecho.

Las reliquias de la Santa han sido, en todo tiempo, instrumentos de las maravillas del Señor, especialmente para las enfermedades oculares.

domingo, 9 de diciembre de 2012

DEL AMOR PROPIO Y SUS ARDIDES





La Venerable Luisa de Carvajal (1568-1614), de la que nos hemos ocupado en este blog (véase por ejemplo cliqueando aquí en LA INGLATERRA SECRETA), fue una mística que también destaca por sus poesías y por sus textos espirituales. En este que presentamos abajo, la Venerable Luisa de Carvajal nos descubre en un muy delicado análisis los ardides del amor propio y los peligros de la vanidad que obstaculizan la perfecta unión transformante del alma en el Amado. El texto es de la misma Luisa, pero se publicó en la "Vida de la Venerable Madre Mariana de San José", obra biográfica escrita por Luis Muñoz y publicada en Madrid, el año 1646. La Madre Mariana de San José (1568-1638) es una más de las incontables almas místicas, muy poco conocidas, que vivieron en la España del siglo XVI-XVII, nacida en Alba de Tormes (Salamanca), donde subió al cielo Santa Teresa de Ávila en 1582. Madre Mariana es fundadora de las Agustinas Recoletas y fue amiga personal de la Venerable Luisa. En la celda de la Madre Mariana había una cartela en la que ponía: 
"Pobreza, Desprecio y Dolor. Pureza, Cruz y Amor".


 Comienza el texto de la Venerable Luisa de Carvajal, incluido en la biografía de Madre Mariana de San José del año 1646.


Jesús, María, José

Primero que el amor transforme al amante en el Amado, los hace en tanto grado semejantes, que parece que se podría ver el uno en el otro, como en espejo. Y es tan necesaria disposición para que pueda la transformación de amor y unión inseparable tener efecto, que no será posible, si el amor no perfecciona la semejanza en lo interior del alma, y en lo exterior de todo cuanto ser pueda al estado de cada uno, de manera que no quede nada de lo que está en nuestra mano que no se ejecute valerosamente.

Y el alma que se contenta con parecerse en parte al Amado, y no en aquel todo que podría, en parte le ama tan solamente; y lo que a este todo falta, algún amor lo hinche y suple, como remiendo viejo en vestidura; éste ha de ser el propio, sin duda, el cual suele cebar en unas cosas, o en otras. Y hablando de las espirituales, es de ordinario las siguientes:

Comodidades en diversas materias; deudos que impiden extrañamente, y su comunicación a que el natural se hace con facilidad, y mientras es debajo de mejor color, tanto que peor para perfección; porque el engaño y el daño se deshará con más dificultad.

Trazas nuestras en millones de cosas de menudencias, muy encajadas en la voluntad; deseo demasiado para conservar la salud y la vida, gustos dificultosos en el tratamiento ordinario de la persona y regalillos; apegamiento al modo de vida que se tiene, o al lugar, no siendo puesto en perfección ni nivelado por ella, amor a confesores y padres espirituales, apasionado y sin límites. Vanaglorias espirituales muy delicadas, vanaglorias temporales (que entiendo por las que no son en materia de espíritu y santidad), y honrillas de mil maneras apegadas a los huesos; imperfectos apegamientos a gustos espirituales en materia de oración. Poca mortificación en el querer parecer bien, y de buen talle y disposición, mayormente en personas mozas; y en mujeres es esto mucho más, aunque sea por vía sutil y delicada, no tanto que no se deje conocer si se examina.

Unas raicillas entrañadas de propia voluntad y propio juicio, no muy probado lo uno y lo otro, ni mortificado por mano ajena. Y otras muchas cosas semejantes a éstas en que traba el amor propio, que es sin duda su fundamento, y este propio amor un remiendo que se echa al amor de Dios.

Y todo lo sobredicho lo es en la imitación de Cristo, aun en lo exterior de los ojos de los que lo ven, que no todos lo ven. Y queda una vida, y un alma remendada y hecha indigna del nombre de esposa, y de la mesa y tálamo que, como tal, podía pretender de su esposo celestial.

Plegue a Dios que las almas que en esto tuvieron luz y llamamiento y se expusieron y empezaron de le responder, no sean echadas en las tinieblas exteriores, como el que fue hallado sin vestidura de boda, aunque era siervo; porque es un malísimo y peligroso desliciadero [sic: léase "deslizadero"] el propio amor, que, en lo ya referido se ceba y se descubre en gran manera.

Madre Mariana de San José

viernes, 7 de diciembre de 2012

LOS FRAILES MÍNIMOS DE SAN FRANCISCO DE PAULA EN SICILIA (3)

Don Juan de Austria, vencedor de Lepanto, padre de Doña Juana de Austria y suegro de D. Francisco de Brachiforte, generosos próceres de los conventos de Vizahense, Tauromeni y Militeli en Sicilia.

CONVENTOS DE SIRACUSA, SANT'ANGELO, CALTAGIRONE, LENTINI, LINGUAGLOSSA, LA ESCALETA Y CONDRO.

CONVENTO DE SIRACUSA (los españolas la llamábamos Zaragoza de Sicilia), AÑO 1579.

En este año de 1579, a los 24 de Mayo, se fundó convento de nuestra Orden en la ilustre y antigua ciudad de Zaragoza, de Sicilia, con título de San Antonio Abad, dos tiros de arcabuz distantes de ella, poco más de uno de piedra de la marina, se va edificando, y así no tiene más de doce religiosos.

CONVENTO DE SANT'ANGELO, AÑO 1582.

En Sant' Angelo, Paulo Ciraulo fundó convento de nuestra Religión, en siete de Octubre, de 1582, con título de San Francisco de Paula, está dentro de la ciudad una legua del mar, sustenta doce religiosos.

CONVENTO DE CALTAGIRONE (los españoles la llamábamos Calatagirona), AÑO 1585.

Se fundó nuestro convento de la ciudad de Calatagirona, Diócesis de Zaragoza (Siracusa), tomando a su cargo la fundación la ciudad, en 13 de junio de 1585, y se va edificando un suntuoso convento, su título es de San Antonio Abad, por ocasión de la fábrica no tiene más de catorce religiosos, gozan de buen pescado del mar, y de lagos; que están no lejos de la ciudad.

Francesco de Branchiforte, Príncipe de Pietrapersia.


CONVENTO DE LENTINI (los españoles le llamábamos Lentino), AÑO DE 1584.

Lentino, ciudad hermosa y fértil, de la Diócesis de Zaragoza (Siracusa), que dista del mar dos leguas, en medio de ella fundó el Regimiento nuestro convento, con título de San Andrés, sustenta doce religiosos, es abundante de pescado, así por la vecindad del mar, como por dos lagos que tiene cerca de sí, donde se prende mucho.

CONVENTO DE LINGUAGLOSSA (los españoles escribíamos Lenguagrosa), AÑO DE 1584.

Lenguagrosa, cudad sufragánea a Mesina, pidió religiosos de nuestra Orden, y fundó dentro de sí el convento que tenemos, con título de Santa María de Loreto, en 21 de julio de 1584: dista del mar dos leguas, y con pescado fresco: sustenta diez religiosos.

CONVENTO DE LA ESCALETA, AÑO DE 1584.

La Escaleta, Baronía de don César de Morchete, Diócesis de Mesina, tiene por Fundador de nuestro convento al dicho Barón; se fundó a los 27 de octubre de 1584, con título de San Felipe y Santiago; dista una milla del mar, es regalado de pesca y sustenta doce religiosos.

CONVENTO DE CONDRO, AÑO DE 1601.

Condro, lugar de la Diócesis de Mesina, Baronía del Ilustre Señor don Pablo Bonfilo. Distante del mar mil pasos, tiene convento de nuestra Orden, cuyo Fundador es el dicho señor don Paulo: sustenta doce religiosos y es regalado de pescados frescos: florecido han en esta Provincia muchos religiosos de santa vida, y el que mayor opinió dejo entre todos, fue el Padre fray Juan de Milazo.

Hay en esta Provincia un Convento de Religiosas de nuestra hábito en la ciudad de Mesina, sujetas al Ordinario, desde el Generalato del Padre fray Pedro de Mena, que le dejó con los demás de la isla, que son otros dos, uno en Palermo y otro en Leche.

Otros tres conventos se han acrecentado de pocos años a esta parte en esta Provincia, el Vizahense, Tauromeni y Militello. Son sus fundadores los Excelentísimos Príncipes de Pietrapersia, don Francesco de Branchiforte, y su mujer doña Juana de Austria. Está fabricado y dotado ya el de Militeli. Dioles título de Fundadores a ellos, y a sus hijos el último Capítulo General celebrado en Roma, año de 1617, en el cual graduando los asientos de las Provincias de la Religión, le cupo a esta de Mesina el tercero lugar entre todas.

Doña Juana de Austria, hija natural del gran D. Juan de Austria, Princesa de Pietrapersia.
Acaba aquí la relación de los conventos mínimos de la provincia de Mesina. Proseguiremos con los conventos de la Provincia de Palermo.

NOTA HISTÓRICA:

Doña Juana de Austria era hija natural de Don Juan de Austria y una dama italiana, Diana Falangada. Doña Juana de Austria nació en Nápoles en 1573. En un primer momento, su tío Felipe II dispuso que Juana ingresara en el Convento de Santa Clara de Nápoles. Pero Juana no tenía vocación religiosa y logró, por medio de cartas, que su primo Su Católica Sacra Majestad Felipe III de España la liberara del claustro conventual, dándole una generosa dote para casarse con Don Francisco Branchiforte, Príncipe de Pietrapersia. Casaron en Palermo y tuvieron tres hijas. El matrimonio principesco fue generoso con todas las Órdenes Religiosas asentadas en Sicilia y, especialmente, con la Orden de los Frailes Mïnimos de San Francisco de Paula. Juana falleció en 1630. Francisco falleció en 1628.